Cómo se vende un servicio que el cliente todavía no puede ver: la promesa, la prueba, el precio frente al riesgo y el calendario comercial.
Una empresa de servicios cobra por algo que el cliente todavía no puede ver. El contrato se firma hoy. El resultado llega en tres, seis o doce meses. Quien compra pone su dinero y también su prestigio dentro de su propia empresa. Si el proyecto sale mal, esa persona carga con la decisión.
Esa condición cambia la forma de vender. Un servicio se compra con información incompleta, porque el resultado todavía no existe al firmar. El cliente decide con lo poco que alcanza a ver del proveedor.
En una empresa de servicios, la estrategia comercial ordena cuatro decisiones. Qué se promete. Con qué se prueba. Cuánto se cobra. En qué momento se busca al cliente. Las cuatro responden a una duda del comprador sobre qué tan probable es que el proyecto salga bien.
Nos encontramos seguido con firmas que ponen casi todo su esfuerzo en conseguir prospectos. El mensaje, la propuesta y el seguimiento quedan a criterio de cada quien. Cuando las ventas se atoran, la respuesta es buscar más prospectos. El problema suele estar más adelante, entre la primera llamada y la firma.
Hemos trabajado este tema con empresas de paisajismo, desarrollos inmobiliarios, hospitalidad y espacios de trabajo. El orden de trabajo es siempre el mismo. Empezamos por la promesa y terminamos en el calendario.
Una promesa comercial dice qué cambia para el cliente y en cuánto tiempo. Se escribe con las palabras que usa quien compra. El catálogo de servicios va después.
Para escribirla, entrevistamos a clientes actuales con tres preguntas.
Las respuestas se repiten más de lo que la empresa espera. Con ellas armamos una promesa de dos líneas. El equipo comercial la prueba en sus siguientes llamadas y la ajusta con lo que escucha.
La promesa también define a quién conviene venderle. Revisamos la cartera de clientes de los últimos años. Marcamos los proyectos que dejaron margen y los que se cayeron a medio camino. Con ese corte se ve qué tipo de cliente aprovecha mejor el servicio. La promesa se escribe para ese cliente.
Lo vimos con una empresa de paisajismo corporativo. Su diferenciador real no aparecía en ningún punto de contacto con el prospecto. El equipo dedicaba el mismo esfuerzo a un prospecto de 20 mil pesos que a uno de dos millones. Rediseñamos el proceso comercial para que el diferenciador apareciera en cada contacto y el esfuerzo se repartiera según el tamaño del prospecto. El ticket promedio se triplicó.
El comprador de un servicio busca señales de que la promesa se va a cumplir. La prueba le da esas señales antes de firmar.
Cada forma de prueba le cuesta algo a la firma. Un caso se escribe una vez y se usa durante años. Un diagnóstico pide horas de trabajo antes de cobrar el proyecto completo. Un piloto pide tiempo de los dos lados.
Elegimos la prueba según el tamaño de la decisión del cliente. Para un contrato chico basta un caso bien contado. Para un contrato que compromete el año del cliente conviene un diagnóstico. Una auditoría de ventas es un buen ejemplo de diagnóstico. Es la radiografía antes de la receta.
Los casos se escriben con datos del propio cliente y con su permiso. Pedimos a la firma que guarde tres cifras de cada proyecto desde el arranque. Cómo estaba el cliente al inicio, qué se hizo y cómo quedó al cierre. Con esas tres cifras, el caso se redacta al terminar el proyecto.
El cliente de servicios compara el precio contra el riesgo. Hemos visto que un proveedor barato parece arriesgado cuando el proyecto es grande. Bajar el precio para ganar una propuesta puede subir esa sensación. El comprador se pregunta qué se recortó para llegar a esa cifra.
Nos toca ver seguido propuestas que se pierden sin un no de por medio. El prospecto deja de contestar. Detrás suele haber un miedo que nadie platicó durante la venta. Ese patrón lo revisamos a fondo en por qué no cierran los clientes.
Lo vimos en una desarrolladora inmobiliaria. Cada asesor hacía su propio recorrido, su propio discurso y su propio seguimiento. Los inversionistas llegaban con miedos reales y el proceso de venta no los atendía. Dejaban de contestar. Rediseñamos el sistema de venta para atender esos miedos dentro del proceso. Las ventas subieron 20%.
El riesgo se puede bajar sin tocar el precio.
El precio se queda igual. Antes de mandar una propuesta, pedimos al equipo comercial que anote las preocupaciones que escuchó en la llamada. Cada preocupación se contesta en la propuesta con una fase, una condición o un nombre. Si una queda sin respuesta, la propuesta regresa a revisión.
La compra de un servicio ocurre cuando al cliente se le atora algo. La firma no controla ese momento. Una empresa cambia de despacho, de constructor o de consultor pocas veces en varios años.
En la investigación del Ehrenberg-Bass Institute sobre compradores de empresa, la estimación es que solo cerca de 5% de los clientes potenciales busca comprar en un momento dado1. El resto todavía no está listo para comprar.
Esa proporción obliga a trabajar con dos ritmos al mismo tiempo.
En el caso de paisajismo, la propuesta se enviaba y después venían semanas de silencio. No había un seguimiento diseñado. Parte del rediseño fue un seguimiento con fecha y responsable para cada etapa. Hay más detalle sobre cómo se escribe un proceso de ventas.
Los clientes anteriores también son parte del calendario. Una recomendación llega con la prueba incluida, porque quien recomienda ya vivió el servicio. Diseñamos los momentos para pedirla en la relación con cada cliente. El método completo está en customer advocacy.
Muchas empresas cierran su presupuesto del año siguiente en el último trimestre. Conviene platicar con los clientes probables antes de ese cierre. Una propuesta que llega después compite por lo que quedó libre. Por eso el calendario empieza en septiembre.
Trabajamos la estrategia comercial como parte del go-to-market de la empresa. El go-to-market decide a quién se le vende, con qué promesa y por qué canal. La estrategia comercial aterriza esa decisión en el trabajo diario del equipo de ventas.
Atraer prospectos es trabajo de marketing y publicidad. Nosotros entramos cuando el prospecto ya llegó. Empezamos por el proceso actual. Recorremos lo que vive desde la primera llamada hasta la firma y medimos dónde se pierde la venta. Con esa lectura reescribimos la promesa, elegimos la prueba para cada tipo de cliente y armamos el calendario. Después acompañamos al equipo hasta que el proceso camina sin nosotros.
Lo que compartimos en este frente está en más clientes. Si la empresa quiere revisar su estrategia comercial, el primer paso es anotar dónde se quedaron las últimas cinco propuestas que no se firmaron. Con esa lista podemos platicar por dónde empezar.
Equipo Flow