Qué es el coaching ejecutivo y qué no es, cómo se estructura un acompañamiento 1:1, cómo se mide y cuándo conviene más un programa grupal.
Quien dirige una empresa toma decisiones todo el día y pocas veces las piensa en voz alta con alguien. El equipo depende de esa persona. Los socios traen su propia agenda. La familia escucha, pero no conoce la operación. El coaching ejecutivo existe para llenar ese hueco con una conversación regular y confidencial. Es un espacio con alguien que no depende de quien dirige y que no gana nada con la respuesta.
Hemos visto que el coaching ejecutivo se vende como una forma de arreglar a la gente que dirige. No arregla a nadie. Cuando funciona, la persona no cambia de carácter. Cambia cómo decide, qué delega y a quién voltea a ver antes de mover algo. Ese es el resultado que buscamos en el acompañamiento 1:1 de Flow.
El coaching ejecutivo es una serie de conversaciones estructuradas entre una persona que dirige y un coach externo. El objetivo es que esa persona decida mejor en su puesto actual. Se trabaja sobre situaciones reales de la empresa. El coach pregunta, refleja y confronta. No decide por la persona.
Se le llama coaching ejecutivo, coaching de liderazgo o coaching para directores. El nombre cambia según quién lo ofrece. El trabajo es el mismo. Conviene separarlo de tres cosas con las que se confunde seguido.
En la encuesta de Harvard Business Review de 2009 a coaches, 26% dijo que lo contratan sobre todo para servir de caja de resonancia de quien dirige1. Ese es el uso que más vemos crecer en las empresas que acompañamos. La persona ya sabe operar. Lo que le falta es un lugar para pensar sin consecuencias inmediatas.
Un acompañamiento serio tiene forma desde la primera sesión. Sin forma, se vuelve una plática mensual agradable que no cambia ninguna decisión. Así lo estructuramos en Flow para quien dirige una empresa.
Qué se trabaja depende de la persona. Hay temas que se repiten. Delegar sin soltar el resultado. Sostener una conversación difícil con un socio o con alguien del equipo directivo. Decidir con información incompleta. Salir del día a día para pensar en los próximos dos años. Cada sesión arranca con una situación real y cierra con un compromiso concreto para la siguiente.
El coach no llega con temario. La agenda la trae quien dirige, con lo que pasó en la empresa desde la sesión anterior. Cuando la persona llega sin tema, eso también se trabaja. Suele querer decir que está metida en todo y no ha tenido tiempo de mirar hacia adelante.
Un coach para líderes de empresa también tiene que conocer cómo se toman decisiones en una organización mediana o grande. Sin ese contexto, las preguntas se quedan en lo personal y la empresa no ve el cambio en la operación.
Medir el coaching es el punto flojo del gremio y la queja más frecuente de quien contrata. En la misma encuesta de Harvard Business Review, menos de una cuarta parte de los coaches dijo entregar datos cuantitativos sobre resultados de negocio1. La empresa paga y no sabe qué pasa en las sesiones. La confidencialidad explica que no conozca el contenido de las sesiones. Al cierre sí debería saber si sirvió, y con qué evidencia.
En Flow medimos en tres capas.
La tercera capa pesa por el efecto que tiene quien dirige sobre su gente. Gallup estima que el gerente explica al menos 70% de la variación en el compromiso de la gente entre unidades de negocio2. Por eso le preguntamos al equipo antes de mirar cualquier otro indicador.
Lo que no medimos es cuánto dinero regresa por cada peso que la empresa puso en las sesiones. Hay demasiadas variables entre una conversación confidencial y un resultado financiero. No prometemos esa cifra.
El acompañamiento 1:1 no resuelve todo. Hemos visto tres casos donde un programa grupal jala mejor.
También pasa al revés. Un programa grupal saca a la luz que una persona del equipo directivo carga con todo y no lo puede platicar frente a los demás. Ahí abrimos un 1:1 en paralelo. Los dos formatos se combinan seguido dentro del mismo acompañamiento.
Hay señales sencillas. Las decisiones importantes se posponen semanas. Nada avanza sin la persona que dirige. Lleva meses con la misma conversación pendiente con un socio. Una señal sola no dice mucho. Con dos al mismo tiempo ya vale la pena platicarlo.
El primer paso con Flow es una conversación con la persona que dirige o con quien lleva el desarrollo de la gente. Se revisa la situación y se define si el 1:1 es el formato correcto o si conviene otra cosa. Se acuerda qué se va a medir y con qué frecuencia. Nada queda en el aire. El detalle del acompañamiento está en organización y liderazgo. Para arrancar, basta con escribirnos.
Equipo Flow